Agenda 15 minutos con Bono.
Te mostramos qué métricas SASB necesita tu sector y cómo están tus datos hoy antes de terminar la llamada.
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Los estándares SASB son 77 marcos sectoriales que definen qué información de sostenibilidad es financieramente relevante para los inversores de tu industria.
El International Sustainability Standards Board (ISSB) los mantiene desde 2022 dentro de la Fundación IFRS, como guía sectorial de las NIIF S1 y S2.
Chile ya los hace obligatorios vía CMF. Brasil los adoptó como mandatorios para empresas públicas desde el ejercicio fiscal 2026.
Sin datos operativos primarios y verificables, un reporte SASB no mejora tus condiciones de deuda ni desbloquea financiamiento de banca de desarrollo.
Este artículo explica qué son, por qué importan financieramente, cómo implementarlos y qué está pasando en México, Colombia y Chile.
El SASB no es un reporte. Es el lenguaje de tu deuda.
Los estándares SASB son un conjunto de 77 marcos sectoriales que identifican las métricas de sostenibilidad con mayor probabilidad de impacto financiero en cada industria.
Esa definición importa porque “mayor probabilidad de impacto financiero” es lo que los distingue del Global Reporting Initiative (GRI). El GRI mide el impacto de la empresa sobre el mundo. Los estándares SASB miden el impacto del mundo sobre el valor de la empresa. Son lentes opuestas sobre el mismo objeto, y esa inversión de la mirada es exactamente lo que los inversores institucionales necesitan para tomar decisiones de capital. El GHG Protocol divide las emisiones en tres alcances, y los estándares SASB traducen esa clasificación en métricas comparables y auditables específicas por sector. En agosto de 2022, la Fundación IFRS asumió la responsabilidad de mantenerlos y actualizarlos dentro del International Sustainability Standards Board (ISSB), convirtiéndolos en la guía sectorial de implementación de referencia para las NIIF S1 y S2.
Lo que ocurre en la práctica cuando una empresa manufacturera en Monterrey intenta aplicar los estándares SASB es esto: el área de Sustentabilidad descarga la guía sectorial del sitio del ISSB, identifica que debe reportar intensidad de carbono por tonelada producida y entonces le pregunta a Operaciones por el dato. Operaciones lo busca. No lo tiene de esa forma. Lo que tiene es el recibo de gas, el Excel de producción y una estimación que alguien construyó el año pasado para el reporte de GRI. El reporte sale, pero sale con números que ningún analista de crédito institucional va a tomar en serio. Sin datos primarios por sector, el SASB no funciona como instrumento financiero. Solo funciona como documentación.
Brasil adoptó los estándares del ISSB, incluyendo los estándares SASB como guía de implementación sectorial, como obligatorios para todas sus empresas públicas: los informes correspondientes al ejercicio fiscal 2026 deben estar plenamente alineados y sujetos a auditoría externa. Para una empresa industrial mexicana, colombiana o chilena con proveedores o compradores en Brasil, eso significa que ya opera dentro del perímetro regulatorio aunque no cotice allí.
Pero el impacto más directo no es regulatorio. Es de precio de capital. El Grupo Asesor de Inversionistas del ISSB utiliza los datos reportados bajo los estándares SASB para evaluar la calidad de la información de sostenibilidad en decisiones de crédito e inversión. Las empresas que reportan con datos primarios verificables acceden a instrumentos de deuda sostenible con condiciones distintas a las que reportan con promedios sectoriales. Sin métricas con trazabilidad operativa, el banco de desarrollo aplica el spread genérico: el más caro disponible para ese perfil de empresa.
Según BloombergNEF, el financiamiento sostenible global superó 1 trillón de dólares en 2023. LATAM representa menos del 5% de ese total, a pesar de concentrar el 10% de las emisiones mundiales. La brecha no es de oferta de capital. Es de calidad de datos. La Science Based Targets initiative (SBTi) confirma que en industrias manufactureras el Scope 3 representa en promedio más del 70% de la huella total de carbono. Los estándares SASB son el vehículo a través del cual ese porcentaje se convierte en información auditable para el mercado de capitales. Antes del SASB, esa cifra era un número interno. Con él, es un argumento frente a un comité de crédito. El carbono ya es costo de deuda.
Según BloombergNEF y la Fundación IFRS, el número de empresas que reportan bajo métricas SASB creció de forma consistente entre 2022 y 2025 en LATAM, al mismo tiempo que los bancos multilaterales incorporaron esas métricas como requisito en los covenants de instrumentos de deuda sostenible. Para las empresas industriales de la región, los estándares SASB dejaron de ser una buena práctica voluntaria y se convirtieron en la condición técnica que separa el acceso al capital preferencial del spread genérico.
Lo que gana la empresa que los implementa con datos reales:
Lo que se arriesga al implementarlos sin la infraestructura de datos adecuada:
La mayoría de los “contras” no son del estándar en sí. Son de la brecha entre lo que el SASB requiere y lo que la empresa realmente tiene en sus sistemas operativos. Esa brecha es el problema que hay que resolver antes de contratar al consultor que escribe el reporte.
La Fundación IFRS establece que las estimaciones basadas en promedios sectoriales tienen menor precisión que los datos primarios operativos, y los analistas de crédito aplican ese criterio directamente al evaluar el riesgo de un instrumento de deuda sostenible. Para una empresa industrial en LATAM, esa diferencia tiene consecuencias concretas en las condiciones de financiamiento que puede conseguir, y en el tiempo que tarda en acceder a ellas.
La última fila no se logra con una planilla de Excel ni con un consultor que recopila datos por correo electrónico durante tres meses. Requiere una infraestructura que conecte directamente las fuentes operativas de la empresa con las métricas que el ISSB define para cada sector. Bono opera exactamente en esa capa: automatiza la recolección desde medidores, facturas y sistemas ERP hasta generar los indicadores SASB con trazabilidad completa desde el dato origen hasta el reporte publicado. Un PDF de 80 páginas no mejora tu acceso al capital. Una infraestructura de datos con trazabilidad operativa sí.
El ISSB tiene activa en 2026 una consulta pública para actualizar 53 de los 77 estándares SASB en sectores clave como agricultura, alimentos, energía y manufactura, con entrada en vigor esperada en los próximos 12 a 18 meses. Para las empresas en LATAM que planean implementarlos, eso significa que la arquitectura de datos que construyan hoy necesita ser flexible: los indicadores evolucionan, y un sistema basado en archivos estáticos tendrá que rehacerse desde cero con cada actualización.
La barrera más frecuente que encontramos no es técnica. Es de fricción interna. Las empresas que llegan a Bono con intención de reportar bajo SASB tienen casi siempre el mismo problema: saben qué métrica necesitan, pero no saben en qué sistema vive el dato que la alimenta. Y el área que tiene el dato no sabe que alguien lo está buscando.
Paso 1: Mapeo de materialidad sectorial. El primer paso no es recolectar datos. Es saber exactamente qué datos pide el ISSB para el sector específico de la empresa. Para una empresa de alimentos procesados, las métricas de mayor peso financiero incluyen intensidad energética por tonelada producida, emisiones de GEI en Scope 1 y Scope 2, gestión y eficiencia de agua, y seguridad en la cadena de suministro de alimentos. Para un fabricante de empaques, el perfil es distinto: gestión de residuos, porcentaje de materiales reciclados y emisiones en la cadena de valor ganan peso. Bono mapea las métricas materiales por sector antes de tocar ningún sistema interno, de forma que el equipo sabe exactamente qué buscar y dónde.
Paso 2: Conexión con fuentes operativas reales. Este es el paso que las consultoras de sostenibilidad rara vez ejecutan con suficiente rigor. El dato de intensidad de carbono no vive en el área de Sustentabilidad. Vive en el medidor de gas del área de Producción, en la factura eléctrica que paga Finanzas y en el reporte de compras de materia prima que administra el área de Compras. Bono automatiza la recolección desde esas fuentes, eliminando el Excel intermediario que hoy convierte datos reales en estimaciones no auditables. El SASB no es un reporte. Es el lenguaje de tu deuda. Y ese lenguaje solo funciona si los datos que lo alimentan tienen trazabilidad real desde la fuente operativa hasta el indicador publicado.
Paso 3: Generación del reporte con trazabilidad completa. Una empresa de alimentos en Colombia con tres plantas de producción redujo su tiempo de preparación del reporte SASB de 16 semanas a cuatro tras implementar la infraestructura de datos de Bono. El cambio no fue de velocidad. Fue de calidad: el reporte pasó de estimaciones a datos primarios verificables, y con esa mejora desbloqueó la elegibilidad para un instrumento de deuda sostenible con el BID que llevaba dos años sin avanzar por falta de datos auditables.
La Comisión del Mercado Financiero de Chile publicó la Norma de Carácter General N° 461, convirtiéndose en el primer regulador del mundo en hacer obligatoria la divulgación de estándares SASB a nivel nacional. Las empresas chilenas bajo supervisión de la CMF ya están dentro de esa obligación. La Ley Marco de Cambio Climático (Ley 21.455) suma presión adicional: las empresas con huella de carbono significativa deben reportar con datos verificables, y el impuesto al carbono vigente de 5 USD por tonelada de CO2 hace que esa medición tenga consecuencias directas en el estado de resultados, no solo en el reporte anual de sustentabilidad.
En México, la presión llega por canal comercial antes que regulatorio. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) de la Unión Europea aplica aranceles ajustados por intensidad de carbono a productos exportados desde México a partir de 2026. Un fabricante de acero, aluminio o cemento en México que no tenga sus emisiones medidas con metodología compatible con los estándares SASB pagará el arancel genérico, que es el más alto disponible. Y un reporte SASB basado en estimaciones sectoriales no pasa la verificación del CBAM: el mecanismo exige datos operativos con trazabilidad, no promedios de industria.
Colombia enfrenta presión directa desde la cadena de valor internacional. La Ley 2169 de 2021 establece el marco de transición energética y crecimiento verde, y los compradores europeos de empresas colombianas de agroindustria y manufactura están incorporando exigencias de reporte bajo CSRD que bajan directamente a sus proveedores en LATAM. Sin métricas SASB verificables, esos contratos se renegocian con descuento o se pierden. Un reporte de sostenibilidad basado en estimaciones no sobrevive una auditoría de cadena de suministro europea.
En México no existe aún una norma que los haga obligatorios de forma directa, pero el CBAM de la UE y las exigencias de compradores europeos los vuelven necesarios para empresas exportadoras desde 2026. En Colombia, la Ley 2169 crea el marco de referencia y la CSRD los exige indirectamente a proveedores de grandes compradores internacionales. En Chile sí son obligatorios para empresas bajo supervisión de la CMF desde la NCG 461.
El GRI mide el impacto de tu empresa sobre la sociedad y el medioambiente, respondiendo a un grupo amplio de partes interesadas. Los estándares SASB miden el impacto de los riesgos ambientales y sociales sobre el valor financiero de tu empresa, respondiendo específicamente a inversores. Los inversores institucionales prefieren SASB porque responde la pregunta que les importa para decisiones de capital: qué riesgo financiero no revelado tiene esta empresa comparada con sus competidores del mismo sector.
Sí, si accedes o quieres acceder a deuda verde, préstamos vinculados a sostenibilidad de banca de desarrollo como el BID, CAF o NAFIN, o contratos con compradores internacionales que trasladan exigencias CSRD a sus proveedores. Los estándares SASB no son solo para empresas públicas. Bono trabaja con empresas medianas no listadas que los implementan para mejorar sus condiciones de financiamiento con banca de desarrollo regional y para sostener contratos con compradores europeos.
El reporte sale, pero no funciona como instrumento financiero. Los analistas de crédito institucionales identifican las estimaciones sectoriales frente a los datos primarios con trazabilidad operativa: la calidad del dato es parte del protocolo de evaluación. El CDP Score bajo es riesgo financiero, no ambiental. Con el SASB aplica la misma lógica: el mercado no castiga las emisiones, castiga la opacidad.
Cada trimestre sin métricas SASB verificables es un spread de deuda que no mejora, contratos europeos que se renegocian con descuento y aranceles CBAM sin diferencial de intensidad de carbono. Los tres tienen precio. Y ese precio crece mientras el mercado avanza.
Te mostramos qué métricas SASB necesita tu sector y cómo están tus datos hoy antes de terminar la llamada.